Los diálogos informales suelen dejar más que los posicionamientos oficiales. Luego de la elección del 4 de julio, con la marea bajando y los ánimos menos polarizados, el aprendizaje para los partidos políticos está en las impresiones de la gente, en la experiencia del votante, en la infinidad de razones, causas y explicaciones que sin ser únicas o precisas, sí engloban de manera multifactorial el resultado electoral de nuestro estado.
A lo largo de un mes que ha presenciado el vals de las hipótesis, me queda claro que el argumento del fraude electoral, esbozado de manera genérica por Xóchitl Gálvez, simplemente no permeó en la opinión pública. Creo que quien votó por ella valoró profundamente el crecimiento que su voto le otorgó al acumulado del PAN y el PRD, sin escuchar el canto de una dolida sirena en tiempos postelectorales. La polémica, la charla de sobremesa, no está en la legalidad del triunfo de Paco Olvera, sino en la sorpresiva -dicen que en política no hay sorpresas, sino sorprendidos- Pachuca; la capital que fue ganada innegablemente por la coalición “Hidalgo nos une” y sus candidatas Yoli Tellería, y Sandra Ordaz.
¿Qué pasó en Pachuca? Es la pregunta que ha retumbado en los muros del poder, las calles de la clase media, los barrios populares, las plazas comerciales, y las mesas en las que se desayuna café con política. Nadie se erige en oráculo, dueño de la verdad, y atisba hipótesis solitarias. Saben, sabemos, que hay muchas causas para un solo efecto: el PRI perdió en la capital con dos buenos candidatos.
Pachuca es electoralmente, una ciudad complicada. Entiende bien el juego de la democracia en la que el ciudadano da y quita confianza, y no regala mucho tiempo. “Veleidosa” le dicen algunos, hasta por escatimar hurras al “equipo de México” en una mala tarde; verdad de Perogrullo que sólo sirve de placebo para no percibir lo evidente: han faltado cuadros tricolores que escuchen a la influyente clase media pachuqueña, a las “familias de siempre”, juzgando equivocadamente que “o son priístas” o “no votan”. Ha faltado escuchar a los jóvenes -y no me refiero a los que abanderan juventudes con credencial de adulto mayor- fuera de tiempos electorales, y entender que el posicionamiento del titular del Ejecutivo, no es razón para que sus correligionarios duerman en laureles ajenos. La escaramuza legal que involucró al “nuevo” Ayuntamiento, pasó factura, nadie lo dude. El PRI puede recuperar Pachuca en lo distrital, y retenerla en lo municipal, utilizando el arma infalible del demócrata: la autocrítica.
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